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Retomando el camino

Han pasado casi dos meses desde que tuvimos que volver a España para despedir a mi hermana. Han sido los días más tristes de nuestras vidas y me resulta muy complicado hablar o escribir sobre ella sin romper a llorar.

Cuando te pasa una desgracia de este calibre todo tipo de sentimientos salen de ti, sientes un dolor desgarrador que te atraviesa el corazón, un sentimiento de vacío interior, un sentimiento de que todo se acaba. Te pasas semanas sintiendo culpabilidad, dolor, miedo, tristeza, melancolía, impotencia, rabia, tienes pesadillas diariamente, te quedas sin fuerzas (literalmente), te cuesta respirar, te cuesta concentrarte y cualquier tarea mundana y simple se te hace cuesta arriba. Las sonrisas se terminan y se transforman en lágrimas. Y cuando te das cuenta de que estas disfrutando de algún momento y sobre todo de tus amigos, de tu familia y de todos los que aún siguen aquí contigo apoyándote, tanto de cerca como en la distancia te sientes mal por sonreír. Te sientes culpable por vivir momentos preciosos que no podrás compartir con tu hermana y que ya nunca jamás podrá vivir.

Constantemente tienes sentimientos contradictorios y cuando crees que estás remontando, te das de bruces contra la pared. Un sentimiento, una palabra, una imagen, un olor o una canción, cualquier cosa te recuerda a ella y sientes una pena tan profunda que piensas que nunca podrás superar.
Y en ese momento estoy, estamos. Intentando remontar, intentando disfrutar de la vida. No sabemos cuanta vida nos queda sólo sabemos que depende de nosotros ser felices y disfrutarla.

Después de semanas de sentimientos tan devastadores empezamos a intentar decidir que hacer. Teníamos dos opciones, retomar el viaje o quedarnos en España a intentar comenzar una nueva vida. Pero no teníamos nada planeado, ni ninguna motivación, un proyecto, una ilusión, no era nuestro momento para volver.
El viaje estaba en su ecuador, y era nuestro proyecto y nuestra ilusión antes de que pasara esta desgracia. Si había algo que me podía ayudar a intentar curar esta herida y mitigar este dolor tan profundo era continuar con lo que habíamos empezado y no queríamos que se terminará tan pronto.

Y es así como decidimos cambiar un poco la ruta y comprar un vuelo a Brasil. Cosas que tiene la vida… Ya teníamos un billete de vuelta desde Buenos Aires para pasar unos días en Navidades y dar una sorpresa a nuestros amigos y familiares. El destino quiso que volviéramos unos meses antes a casa. Así que desde hace una semanita estamos en Brasil, conociendo de primera mano la gigantesca Sao Paulo y el paradisíaco Rio de Janeiro. En breve llegaremos a Argentina, donde estaremos hasta Navidades. No tenemos aún más planes pero después queremos volar a Asia, donde terminará esta aventura vital.

No va a ser fácil, pero será bonito y creo que me va a ayudar a seguir creciendo y a hacer algo que valga la pena y que me ayude a vivir cada momento intensamente como si la vida fuera muy corta. Por desgracia, a veces lo es.
Siento mucho tener que escribir un post tan triste, pero creemos que os merecías una explicación de nuestra decisión. Poco a poco retomaremos la normalidad en el blog y os seguiremos contando las experiencias de esta vuelta por el mundo.

Gracias por todas las muestras de cariño y de fuerza recibidas. Gracias a todos los que os habéis preocupado por nosotros, sobre todo por mí. Gracias por tener el valor de venir a verme, de escribirme y de llamarme, sabiendo que seguramente no tendríais respuesta. Gracias por escucharnos. Gracias por abrazarnos en silencio. Gracias por hacerme sentir tan sumamente querida, gracias por entretenerme y por sacarme a pasear, gracias por animarnos a continuar con esta aventura y gracias por darme la fuerza que necesitaba para sonreír. Gracias especialmente a Juny, mi compañero de viaje por acompañarme siempre y por intentar sacarme de este abismo.

Aún me falta mucho camino, aún me quedan días de lágrimas y aún necesito asimilar como va a ser esta preciosa vida sin mi hermana, mi única hermana. Con vuestra ayuda conseguiré remontar.

Gracias por existir.

Mónica

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