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[Colombia] Cumpliendo los 31 en el Caribe Colombiano

Después de tres días en la ecoaldea, y de no haber podido casi dormir la última noche, decidimos que ya estaba bien de experimentos y que era un muy buen día para ir hacia Santa Marta. No éramos los únicos voluntarios “sorprendidos” por esta peculiar ecoaldea, así que junto a la otra voluntaria, una chica alemana, nos despedimos de la gente de allí y nos fuimos a tomar un bus. Ella se bajó en la terminal para tomar otro bus a Cartagena y nosotros continuamos hasta llegar hasta Santa Marta.

Nos dirigimos hacia uno de los hostales más baratos de la ciudad y me dio mal feeling, no por el hostal, era muy humilde pero estaba limpio, sino por donde estaba situado, me dio la sensación de que no era un sitio seguro, así que nos dirigimos hacia la parte más céntrica donde se encontraban algunos de los mejores hostels y acabamos en La Brisa Loca, y esto era otra cosa. El hostel estaba genial, con varias zonas comunes, bar, piscina y viajeros! El sitio perfecto para volver a la normalidad y descansar sin tener pesadillas. Nos recibieron con una cerveza fresca de bienvenida y nos dieron las pautas para visitar santa Marta y nos dieron un consejo: “No os acerquéis a las calles 10 y 11, son las más peligrosas de Santa Marta.”Adivinad donde estaba el otro hostel…. Pues eso! :p

Ese día nos relajamos y salimos a cenar algo económico, pero de paso nos dimos un lujo…. Unos mojitos! Había oferta 2×1, así que fue baratito, baratito! Después de 3 días pasando hambre y sed me supieron a gloria!!

Al día siguiente ya nos despertamos totalmente recuperados y llenos de energía! Nos fuimos a comer a un restaurante corriente vegetariano, llamado Vital. Corriente significa, como en España un bar donde tengan menú del día. A la comida corriente va la gente local. Tienes incluido un zumo (o jugo, como ellos llaman), una sopa y a veces una ensaladita, y eliges el segundo plato, que suele ser carne o pollo. En este caso era lo mismo pero vegetariano y estaba todo riquísimo, nada que ver con lo que habíamos comido en los días previos!

Y luego a patearnos Santa Marta que al día siguiente teníamos previsto ir un poco más al norte, ya que yo tenía mucho mono de playa. Y aunque Santa Marta, ciudad, tiene mar, no tiene playas cercanas muy aptas para baño.


Así que al día siguiente tomamos otro bus hacia… Palomino! Bonito nombre eh?
Palomino es un pueblecito muy pequeño, no tiene ni un sólo cajero automático, para que os hagáis una idea, y la única calle asfaltada es la carretera que te lleva hasta allí. Todo lo demás muy muy auténtico. Esta vez habíamos reservado en un hostel muy cerquita del mar para dos noches, y cuando llegamos… Decidí que con una noche tendría más que suficiente. El hostel no es que fuera muy limpio. Veis como es mejor ir sin reserva? Así si no te gusta no te tienes que quedar… Jajaja. Esa noche nos fuimos caminando hacia la playa y hablamos con una mujer que regentaba el hostal Villa Delia. Estaba súper bien localizado, a pie de playa muy sencillito pero limpiooooo y también barato. Negociamos un buen precio y reservamos con un pequeña señal  para quedarnos allí la siguiente noche !

Así que amanecimos muy temprano, disfrutamos de lo único bueno que tenía ese hostal, unas vistas preciosas a la Sierra Nevada, desayunamos y nos mudamos hacia nuestra habitación privada a 10 metros de la playa, oh yeah!!!

Esos días las actividades fueron playa, playa y más playa. Y Juny hizo un máster en abrir cocos. No teníamos internet así que fue desconexión casi total, y digo casi porque en una de las sombrillas de de paja cercana al hostal si había. Iba súper mal pero funcionaba!
Y entre playa, cocos y mucho relax me desperté el día de mi cumple! La estampa fue divertida, yo bajo la sombrilla intentando leer los mensajes de whastapp y las felicitaciones por Facebook, todo en modo “Caribe”, a velocidad mega lenta!

Y como colofón un super paseo por la playa hasta encontrarnos con el Río Palomino, una buena charla con una pareja de catalanes que conocimos allí y un rato jugando con las gigantescas olas.

Ese mismo día partíamos hacia un sitio aún más virgen, el Costeño Beach Hostel, situado en Mendihuaca, muy cerca del Parque Nacional de Tayrona. Habíamos decidió no ir al Parque Nacional que aunque nos dijeron  que es bonito es bastante caro. Puedes pagar (entrada a parte) por dormir allí en hamacas o tiendas de campaña pero queríamos algo del estilo pero que fuera más económico y Mattias nos había recomendado el Costeño Beach, ya que estaba justo al lado del parque y los paisajes eran similares. Estaba totalmente apartado de la civilización, tanto que nos llevamos unos cuantos litros de agua para los dos días que teníamos previsto pasar allí.

A última hora de la tarde nos bajamos en la parada que se suponía que era. Y allí estábamos, en medio de una carretera, sin ningún pueblo alrededor, sin casas por allí ni a quién preguntar. Sólo un cartel con una flecha que indicaba Costeño Beach. Y ahí fuimos, con nuestras mochilas siguiendo esa flecha. Estaba muy nublado y empezaba a anochecer. Cuando llevábamos 10 minutos andando esas nubes se convirtieron en lluvia, en una súper tormenta tropical! Como pudimos protegimos la tecnología que llevamos en las mochilas y continuamos. Íbamos por un camino de palmeras altísimas de grandes cocos, de esos que si te caen a la cabeza, te matan, así que así íbamos, en medio de la tormenta esquivando las zonas más pobladas de cocos y caminando en chanclas en medio del barro. Lo peor de todo es que la tormenta era cada vez más fuerte y sabíamos que aún nos quedaban 20 minutos más por lo menos de camino. Estábamos tan cerca pero tan lejos! Íbamos por un sendero paralelo al mar en medio de una jungla cocotera. De repente vimos una casa totalmente abandonada sin puertas ni ventanas, una zona parecía segura y con no demasiadas goteras para poder resguardarnos. Allí esperamos, recolocamos las cosas y protegimos todo lo que pudimos con las bolsas impermeables, nosotros estábamos totalmente empapados y ya era de noche. Vimos que la tormenta no iba a parar en un buen rato y decidimos continuar. Muy a lo lejos se veían unas luces, era nuestro destino!

15 minutos después totalmente empapados llegamos al hostel, sin reserva. Casi nos da algo cuando nos dice que no había ni hamacas ni cama en dormitorio compartido! Sólo había unas cabañas privadas a pie de playa, sin electricidad, sin ningún lujo pero muy románticas. Eran un poco más caras de lo que nos podíamos permitir, pero era mi cumple y sólo iba a ser una noche!
Después de cambiarnos de ropa con alguna prenda de la mochila que estaba sólo medio húmeda, y de poner a tender como pudimos dentro de la mini cabaña, ahí estábamos en el paraíso! Cenamos allí, como es un hostel que esta tan apartado de la civilización, tienen servicio de cocina y preparan dos platos a elegir. (Hay opción vegetariana también). Son precios muy económicos. Así qué cenamos de lujo y a descansar en nuestra pequeña mansión! Fue el cumple más largo que he tenido nunca, debido a la diferencia horaria con España, y fue la celebración más rara que he tenido nunca, y la más pasada por agua! Jajaja pero no lo olvidaré en la vida. Fue también uno de los cumpleaños más especiales, en el otro lado del mundo, sólo con Juny pero súper acompañada por todos vosotros gracias a la tecnología, frente al mar, y sintiendo que estaba haciendo lo que quería, llena de vida y cumpliendo un gran sueño.

El próximo miércoles, más y mejor! Llegamos por fin a Cartagena de Indias 😉

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[Colombia] Playa del Ritmo y ecoaldea… Hare Krishna!

Hola amigos! Antes que nada, quería daros las gracias por todo el apoyo y las fuerzas que nos estáis transmitiendo. Me cuesta mucho comenzar a escribir como si nada hubiera ocurrido, por ese motivo aún no he sido capaz de plasmar nada en nuestro blog sobre el viaje. Me encantaría poder contaros todas nuestras vivencias en esos días tan fantásticos que disfrutamos en el Norte de Colombia y eso es lo que voy a intentar. Ahí va!

Y tras nuestros fabulosos días en Medellín partimos hacia el norte de Colombia. Después de un mes de voluntarios en el Buddha y de tener la oportunidad de conversar con tanto huésped viajero, decidimos que teníamos que hacer el trekking de 5 días a la Ciudad Perdida del que tanto nos habían hablado. La Ciudad Perdida es un escondido poblado indígena tayrona situado en la preciosa Sierra Nevada por el que sólo puedes acceder a pie. Este trekking parte desde Santa Marta o Tayrona, algunos de los lugares que queríamos visitar, así que contando los 5 días que necesitábamos para poder realizarlo y planeando desconectar unos días en la playa (ya que se acercaba mi cumpleaños y a mí me apetecía estar cerca del mar, para variar :p) decidimos comprar los vuelos. Y digo los vuelos, porque con la compañía VivaColombia te sale más barato el avión que tomar un bus que tarda un montón de horas en llegar. Ver para creer!

Así que después de las despedidas en nuestro querido Buddha hostel nos fuimos volando hacia Santa Marta. Pacho y Duvan nos habían recomendado el hostel Playa del Ritmo, que está situado literalmente en la playa. Está muy cerca del aeropuerto y de la playa del Rodadero, a media hora de Santa Marta. Fue allí donde nos llevamos el gran chasco! Nos enteramos de que durante las próximas dos semanas, el trekking de la ciudad perdida se había cancelado por motivos de ritos de los indígenas y nos sería imposible visitarla. Menudo bajón! Era el único momento del año en que se suspendía y nosotros no lo sabíamos. Pero bueno, al mal tiempo mala cara (ah no! buena, buena cara! XD), nos quedaban muchos días totalmente libres por delante hasta nuestro próximo vuelo. Lo que hicimos fue descansar y disfrutar del mar. El sitio invitaba a relajarte, a pasear por la playa, a hacer kayak (el hostel tenía una totalmente gratuita para los huéspedes), a disfrutar de atardeceres… Tras varios días allí, de algún que otro partido de fútbol en la arena y de algunas conversaciones sobre algunos de los preciosos lugares que queríamos visitar nos hicimos amigos de Mattias, un chico italiano que trabajaba de voluntario en el hostel. El chico había aprendido hacía unos meses a mezclar canciones y se notaba que era lo que más le gustaba. Tanto era así que una noche se ofreció a impartirle unas clases gratuitas a Juny sobre como utilizar una mesa de dj’s! Esa noche fue muy divertida y musical, ya que un hacía solo un rato que un huésped colombiano nos había dado a todos unas clases de salsa también gratis. Absolutamente genial!

Durante esos días Juny estuvo buscando alguna actividad diferente y especial para hacer en mi cumpleaños y encontró un programa de voluntariado en el Gambhira Eco Yoga Village. Las condiciones eran muy flexibles podíamos ir cuando quisiéramos y quedarnos cuantos días deseáramos a cambio de un precio muy razonable y de unas 4 horitas de trabajo por las mañanas.
Así que después de disfrutar de unos días en Playa del Ritmo, nos despedimos y decidimos irnos una semanita o 10 días de desconexión total a una aldea ecológica a comer bien, sano y saludable, a aprender de actividades sustentables como la agricultura orgánica y las eco construcciones, arte oriental, y sobre todo a aprender un poco de Yoga y meditación en contacto con la naturaleza.

Pero lo que nos encontramos fue una cosa totalmente distinta… Gambhira era una comunidad que a parte de la horita de yoga matutina, el resto era toooodo Hare Hare Krishna… con su templo, se levantaban a las 3am para cantar y bailar durante tres horas. Todas las noches me despertaba asustada y con pesadillas porque en la finca de al lado había unos cerdos que como Juny describía muy bien, sonaban como una mezcla entre orcos y una matanza de demonios! La comida era no sé si era vegetariana o vegana, lo que sí tengo claro es que era totalmente insípida! No se podía probar mientras se cocinaba por cuestiones “sagradas” (por lo que estaba malíiisima), los huertos ecológicos “habían desaparecido por la sequía”, así que ni aprendimos nada de agricultura ni comimos nada de verdura ni de fruta orgánica. Yo me quedé bien delgadita, porque no comía pero es que tampoco bebía! El agua estaba hervida, sabía fatal y tenía cositas dentro… Y como no había suficiente fiesta con esto podías disfrutar de la naturaleza con unas arañas enormes y feas, negras y naranjas, cucarachas tamaño gigante y los ciempiés como un antebrazo de grandes, que se colaban por los tejados de hoja de palma de las cabañas. Y por supuesto las actividades de por la tarde prometidas en su página web no se hicieron…

Es de las cosas más curiosas que nos ha pasado en estos meses, no tuvimos ni ecología, ni yoga, pero fue toooooda una experiencia y nos enseñó a apreciar otras más buenas que nos pasan constantemente durante nuestro viaje.

Aunque como os podéis imaginar… No me apetecía pasar mi cumpleaños con este fiestón, prefería algo más de relax, así que aguantamos 3 días allí y nos fuimos hacia Santa Marta a hacer alguna cosa más turística y menos original, jajaja.

El próximo domingo, más y mejor: Santa Marta y muuuucha playa en Palomino y Tayrona!