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[Camboya] Un paraíso terrenal llamado Koh Rong

Cuando se ha visitado Angkor Wat y Phnom Penh, la capital del país, uno se cree que Camboya no tiene nada más que ofrecer, pero nada más lejos de la realidad. Tras conocer a fondo la historia de Camboya pensamos que era un buen momento para cargar el cuerpo de buenas vibraciones y eso lo conseguíamos casi siempre junto al mar, así que después de investigar un poco decidimos que la isla de Koh Rong sería nuestro próximo destino. Pero antes tendríamos que tomar un autobús hasta Sihanoukville, una ciudad hecha para el turista.

Un viaje de unas 4 horitas nos llevó hasta la estación de autobuses de Sihanoukville. Habíamos reservado en el nuevo One Stop Hostel, ya que el de Phnom Penh nos había encantado y nos habían recomendado coger un tuk-tuk desde la estación hasta el hostel por no más de 3$. Este tipo de información es imprescindible tenerla para que no te timen y para mantenerte firme en tu negociación. Como era de esperar al llegar allí nos esperaban un montón de tuk-tukeros ofreciéndonos sus servicios por el módico precio de 6$ ya que a donde ibámos era muuuuuuyyyyy lejos, jajaja. Sí, sí, lo mismo de siempre, hasta que no haces un poco el teatro haciendo como que no te importa y los dejas allí solos gritando no te hacen caso. Mejor llevarnos a nosotros por 3$ que a nadie no? Conseguido!
Lo importante es que llegamos. El hostel era del mismo estilo que el anterior. Muy nuevo y con una decoración muy mínimal, la única diferencia era que todas las habitaciones giraban en torno a un patio de luces en el que había una gran piscina. Genial!

El plan era hacer noche en Sihanoukville para ir a la mañana siguiente a Koh Rong, pero resultó que a pesar de ser una ciudad de paso, muy turística, plagada de mochileros borrachos y bastante sucia no estaba tan mal. Había alguna playa poco concurrida, había comida local, comida western (malísima), mai thais a 2$ y estábamos alojados en el mejor hostel de la ciudad a un precio muy bueno, así que pensamos que era un buen lugar para planear nuestra ruta por el sudeste asiático y ponernos un poco al día con el blog. Así también tendríamos tiempo de hacer un estudio de mercado para encontrar la forma más barata de llegar a la isla y alojarnos allí a buen precio.

Que magnífica decisión! A 100 metros del hostel teníamos una especie de mercado que estaba plagado de sitios para comer y cenar a muy buen precio. Además, no muy lejos de allí estaba la playa Serendipity donde más de una vez nos fuimos a cenar una barbacoa a precio lowcost, sentados en sillones enfrente del mar.

Esa playa esta no es muy bonita de día, ya que esta plagada de gente, de vendedores y de suciedad, por lo que indagamos un poco y descubrimos que si te sales de la zona turística, existe una pequeña carretera que te lleva a una playa llamada Sokha Beach. Ésta si vale la pena, y sus aguas son claras y cristalinas y está prácticamente vacía. El truco? Pertenece a un resort. Leí en un blog que hay que pagar para entrar pero no vimos ninguna “entrada” ni nadie vino a decirnos nada 😉

Pero lo mejor de habernos quedado unos días allí fue que conocimos a Arnold, un chico alemán que se dedicaba a hacer documentales y que se había tomado un tiempo indefinido para encontrase a sí mismo y averiguar como quería encaminar su vida. Pasamos muy buenos momentos con él y Juny disfrutó de lo lindo filosoforapteando de la vida, de la política, de la gente, de las conspiraciones, del futuro… da gusto encontrarte de vez en cuando alguien tan inteligente como Arnold con el que puedes mantener conversaciones más allá del “Where are you from?”.

Y mientras tanto hicimos también los deberes, no creáis que todo es jauja XDDD Escribimos y programamos varios posts y trazamos la que sería la posible ruta para el resto del viaje por el sudeste asiático. A nosotros no nos va nada lo de planificar, pero en esta parte del mundo hay que pensar un poco a donde quieres ir y en que momento ya que el tener que hacer visados con antelación no da tanto margen a la improvisación como cuando estábamos en Sudamérica. Decidimos que el próximo destino sería Vietnam y para ello necesitábamos hacer la visa previamente a la entrada al país. Precisamente uno de los mejores sitios para ello en Camboya es en el consulado que hay en Sihanoukville, por todas las facilidades que dan. En menos de 24 horas lo consigues y si tienes mucha suerte o una razón de peso te lo dan casi al instante. Por lo que nos fuimos a solicitar el visado, calculando bien el día que llegaríamos a Vietnam, ya que para los españoles y la mayoría de países tiene una duración de sólo 30 días, y empieza a contar desde la fecha que has indicado en el formulario de solicitud del visado, no desde el día que cruzas la frontera.

Ya teníamos todo, sólo quedaba buscar el barco que nos llevara a Koh Rong y encontrar alojamiento allí. Investigamos mucho acerca de la isla de Koh Rong, su hermana menor Koh Rong Samleon e incluso otra alternativa menos conocida llamada Koh Ta Kiev, a la que pensaba ir Arnold.

Lo que nos hacía dudar era el alojamiento, ya que el barco era bastante barato y entraba dentro de presupuesto. La indecisión aparecía porque “lo chulo” de ir a Koh Rong era quedarse en unos bungalows enfrente del mar totalmente alejados del mundo, pero claro a un precio que estaba por encima de nuestro presupuesto previsto. Podíamos hacer la versión barata y quedarnos a dormir en el pueblo mochilero que había en la isla, justo donde te dejaba el barco, pero claro ese pueblo estaba bastante sucio, fiestero y muy ruidoso, con lo cual no nos acababa de convencer.

Hace tan solo un año nuestro queridos amigos Iker y Laura estuvieron también en Camboya disfrutando de su año sabático por el Sudeste Asiático, así que cuando repetidas veces se ofrecieron a responder a cualquier consulta que tuviéramos, les escribí un chat y me dieron un montón de información sobre los bungalows en los que habían estado y como llegar hasta a esa zona de la isla. Sabiendo lo que habían disfrutado y viendo sus fotos de aquel paraíso nos decidimos a ir al lugar por el cual habíamos llegado hasta Sihanoukville: Koh Rong.

La travesía en barco fue toda una experiencia. Nos subimos a la parte de arriba del barco, en la que podíamos tumbarnos en unos cojines que había en el suelo. La noche anterior habíamos dormido muy poco y queríamos aprovechar el trayecto para descansar. Creo que pudimos hacerlo tan solo 5 minutos, ya que poco después de haber partido, el barco empezó a moverse en forma de péndulo. Había algo de oleaje pero no era para tanto. Qué pasaba? Que la parte de abajo del barco estaba casi vacía porque todos habíamos pensado que era una muy buena idea subir. Llegó el ayudante del capitán y nos invitó a bajar. La cosa iba a peor y la gente gateaba y se arrastraba hasta la escalera. Yo me sujetaba a Juny para no salir disparada hacia las barandillas. Unos minutos después casi todos habían bajado, nos quedamos tan solo 6 personas. El barco no penduleaba tanto y pudimos más o menos descansar. Toda una aventura 😉 Poco después ya avistábamos la isla de Koh Rong y las aguas eran cada vez mas tranquilas. Ya podía estar de pie y contemplar las casitas de colores y el mar turquesa.

Una vez en tierra firme nos dimos cuenta que el “pueblo” no tenía calles, ni motos ni nada de nada, eran playas y hostels y pequeños restaurantes todos amontanados uno al lado del otro. Lleno de gente pero también de buen ambiente. Si te alejas un poco del puerto, la zona más concurrida, la playa era ya de revista pero si te fijabas un poco te dabas cuenta a donde iban a parar las tuberías de saneamiento de los restaurantes y hotelitos…, no muy apetecible…
Fuimos a desayunar-comer para reponer fuerzas y poco después, tras varios intentos de negociación conseguimos un buen precio para ir en una barca compartida con otros mochileros hacia Soksan Beach, más conocida por Long Beach por sus 7 km de largo, justo al otro lado de la isla.

La barca iba bordeando la isla a una distancia prudencial de la costa, y justo cuando viramos a la derecha rodeando un saliente de tierra apareció ante nosotros Long Beach. No sé como expresar la belleza de ese momento, el agua tan turquesa, preciosa, cristalina, al fondo vegetación salvaje y lo que más me impactó de todo, una fina linea de arena dibujada de color blanco, muy brillante, casi plateado, no soy capaz de describirlo con palabras, se me dibuja una sonrisa mientras os lo cuento. Me acordaré de ese momento toda la vida.

Felices como perdices nos dirigimos al único hostel que había en ese lado de la playa, el BHGH (Broken Heart Guest House), y nos dimos el mayor lujo del viaje hasta ese momento, 2 noches en un bungalow con vistas al mar, que digo vistas al mar, vistas a una de las playa más bonitas que he visto en mi vida. Cuando digo lujo no me refiero a comodidades, porque en estos bungalows no hay ni internet, ni electricidad, no hay agua corriente, y la ducha te la das de una forma muy rústica, pero es un lujo para todos los sentidos poder despertar, sentir y contemplar esa preciosidad. Nos hubiera gustado pasar allí una semana pero el presupuesto no nos lo permitía… así que por un precio ridículo la tercera noche la pasamos en unas hamacas muy profesionales con red mosquitera incluida ya que en el Broken Heart también había opciones económicas. Uno de los bungalows lo tenían habilitado para compartir habitación y además, en su terraza estaban las fantásticas hamacas. Pasamos una noche genial, en la que dormimos al aire libre solo protegidos por nuestra mosquitera y resguardados por un techo de madera. Despertarte al amanecer tumbado en una hamaca sintiendo la suave brisa en tu cara es otra de las mejores experiencias que me llevo de este viaje.

Con el sol aun escondido tras la vegetación nos fuimos a leer a la playa y a observar como iba despertando este bonito lugar ❤

El viaje tenía que continuar, nos despedimos de esa hermosa playa comiendo un delicioso green curry de pollo y nos cargamos nuestras mochilas para volver al pueblo a través de un camino que atraviesa la selva.

Creo que el mar me sienta bien y me clarifica las ideas. Cuando estábamos en el barco de vuelta ya casi llegando a Sihanoukville me vino un deseo que no pude contener en mi cabeza sin decírselo a Juny. Al terminar nuestro aventura recorriendo el mundo quería ser… profesora de yoga! No soy ninguna experta en el tema ni nunca he tenido el sueño de ser profesora, pero lo vi con tanta claridad que esta nueva idea cambiaría otra vez el itinerario que habíamos pensado…

Y en el próximo post… nos vamos hacia Vietnam!!!

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[Brasil] Florianópolis, una semana en la isla de la magia

Océano, playas, sol, piedras, lagos, dunas, paisajes, senderos, amistad, hogar, tranquilidad.

Por esto y mucho más quiero volver a Florianópolis o mejor dicho, a Floripa, una forma mucho más cool que tienen sus habitantes de nombrarla.

16 horas de trayecto en un bus nocturno desde Foz de Iguazú para poder disfrutar de la maravillosa Floripa. Nos habían recomendado ir pero no esperaba que este sitio nos enganchara tanto. Brasil es de sobra conocida por sus playas. Nos habían contado que las del Norte eran las más espectaculares, y probablemente sean mejores que las de esta preciosa isla en el Sur, pero éstas desde luego son un auténtico paraíso!

Florianópolis o Santa Catarina es una isla, conectada por tierra firme por un inmenso puente. No es extremadamente grande pero 172 km de costa te dan como para perderte en ella durante semanas si quieres visitar sus 42 playas!

Decidimos hospedarnos en Barra de Lagoa, un pueblito de pescadores en la zona noreste de la isla. En esa zona hay bastantes opciones de hostels y también de posadas (particulares que alquilan apartamentos, de hecho en absolutamente todas las casas se alquilaba algo :p). En la misma terminal de Florianopolis, a la cual habíamos llegado con el bus reservamos online el hostel para 3 días. Y menos mal, porque cuando llegamos al hostel Portinhol, que así se llama, nos dimos cuenta que los precios eran mas bajos desde hostelworld que los precios que tenían ellos allí in situ, marcados en una pizarra. Una de las pocas veces que reservamos por adelantado, y lo hicimos bien!!

El hostel era modesto pero su localización era sublime, estábamos a solo 100 metros del mar y a otros 150 de la parada de bus que nos facilitaría recorrernos la isla. El panorama pintaba bien y teníamos intención de relajarnos, disfrutar de la playa, leer, escribir y además de ponernos en forma, así que por el bien de nuestra economía y de nuestra salud, nos fuimos a un supermercado de frutas y verduras a comprar arroz, pasta, huevos y un montooooooon de verdurita! A Juny le apetecía comer ese día el arroz caldoso que nos enseñó a preparar su tía pero esto requiere tiempo, un arroz “bomba” y el cariño de su tía, así que acabamos comiendo un arroz bastante insípido y con la verdura medio cruda, pero bueno el resto de días mis creaciones las cocinamos con mas paciencia y sabiduría y fuimos la envidia de más de uno :p

Y los 3 días se convirtieron en 8, disfrutamos de la kilométrica playa de Bara de Lagoa que teníamos a tan solo unos pasos. Todos los días, al bajar el sol nos íbamos hacia allí y caminábamos unos pocos metros hasta alejarnos de la zona concurrida y hacíamos un pequeño entrenamiento en la arena. Unos sprints con los pies descalzos, unos estiramientos y a zambullirnos al agua con los últimos rayos del día. Bueno, esto último muchas veces nos lo saltábamos porque el agua estaba extremadamente fría.

En alguna ocasión nos íbamos a hacer algún pequeño trekking. Esa isla esconde lugares preciosos, como piscinas naturales o playas totalmente vírgenes a las que solo puedes llegar mediante pequeños senderos…

Y aun nos quedó tiempo para disfrutar de la vida alrededor del Lagoa de Conceição, un gran lago de agua salada, o de un paseo en barca por sus aguas. De contemplar a los surferos en playa do Mole. Y de sentarnos alrededor de una hoguera en la playa, acompañados por unas guitarras y unos cánticos brasileiros.

Allí conocíamos gente absolutamente genial, como dos amigos mexicanos, estudiantes de doctorado en Brasil que estaban disfrutando de un pequeño break entre tanta tesis y que el día de su partida uno de ellos nos invitó a su casa en Cassino (Río Grande) a hacer una parada en nuestro largo recorrido hacia el Sur, o como la pareja de voluntarios que trabajaba en el hostel, Marine, francesa, que en su tiempo libre hacia pulseras y collares preciosos de macramé y Boston, argentino y mago, que nos deleitaba todas las noches que sus trucos y con quienes nos perdimos por las playas del Norte y tuvimos experiencias de lo mas graciosas (ya veréis las fotos).

Lo que me llevo de Florianópolis es toda esa naturaleza en estado puro, esa tranquilidad en sus calles a las 2 de la madrugada, ese océano que me revivió en momentos en que mi alma estaba por los suelos, y esa gente que sin saberlo me dieron lo mas necesitaba, pequeños instantes de alegría.

Y… sí!!! Una semana después aceptamos la invitación de Víctor, el chico mexicano y nos fuimos aun más al sur, a Río Grande, muy cerquita ya de la frontera con Uruguay. Como bien nos explicaron los dos mexicanos Río Grande tiene la playa mas grande del mundo pero también la mas fea…. Jajaja fuimos avisados!

Una de las dos noches que pasamos allí fuimos con Víctor y sus amigos (la mayoría españoles!! :)) a disfrutar de un buen y generosísimo churrasco con en casa de uno de ellos! El menú: carne de aperitivo, de plato principal y de postre! Si si, ellos asan carne hasta reventar!!

No tenemos fotos de ese espectacular churrasco, pero sí alguna de la playa más extensa del mundo!

Y con esto si que nos despedimos de Brasil. Con ganas de volver y de recorrerlo entero! Muy buenas sensaciones de un país que no estaba previsto en nuestra ruta inicial y que nos ha dado tantos buenos momentos. Gracias.

El próximo miércoles nuevo país: Uruguay!

[Brasil] Río de Janeiro, un cóctel de playas, samba y atardeceres

Los buses en Brasil no son extraordinariamente baratos, pero cómodos son un rato, y sin duda es el medio de transporte más económico (teniendo en cuenta que al ser distancias tan largas, puedes coger un bus nocturno y te ahorras la noche de alojamiento :P). Llegamos a las 6 am a la terminal de Río, y había tanto movimiento de gente como si fuera medio día! ¿Pero a qué hora se levantan estas personas? Con los ojos como platos a pesar del sueño, tomamos un bus urbano en dirección a Copacabana.

Durante nuestros días en Sao Paulo, Mónica había visto que Javi Santaolalla (amigo de Ginebra y compañero en el gran equipo de fútbol Le Club Zapata) estaba esos días también por Río! Le escribimos y sí, podríamos coincidir aunque fuera un sólo día 😉 Y no sólo eso, sino que Josinho también estaba casualmente en Río, pasando sus vacaciones en casa de Laura, en la zona de Copacabana! Ibamos a tener un encuentro de capitanes de Zapata en Río, lo máaaaximo XDDD

Qué alegría poderles volver a ver después de tantos meses, y en la otra punta del planeta! Nos encontramos en casa de Laura y nos fuimos a desayunar unos açais (una especie de preparado servido en vaso y de color oscuro, tan denso que se come con cuchara, y que teóricamente viene de una fruta, pero que en realidad es como si te comieras dos cerdos y medio de la cantidad de calorías que tiene! XDDD). Nos pusimos al día, y Laura tuvo una excelente idea! Nos sugirió coger las cuatro bicis que tenía ella y mientras ella trabajaba, nosotros podíamos ir a dar una vueltecita por las playas de Copacabana, Ipanema, Leblon, dar una vuelta por la Lagoa, y que nos diera tiempo para comer y que Javi se fuera para el aeropuerto.

La playa de Copacabana es espectacular, flanqueada por un paseo de 4 km, está repleta de pistas de futbol-playa, voley-playa, tenis-playa y todo lo que termine en playa. Cuanto más al sur, más exclusiva se vuelve la zona. Se puede comprobar fácilmente en el precio de los cocos que venden en la playa, y (desgraciadamente) también en el color de piel de la gente. Al llegar a Ipanema, ya prácticamente todos son de piel blanca, y si llegas a Leblon ya ni te cuento.

En uno de los descansos de la ruta, Javi se encontró con Café, que había sido campeón de futvóley y su “entrenador” durante su estancia en Río hace unos meses, y le pidió permiso para jugar un rato en su cancha. Nos las prometíamos muy felices con nuestra “clase”, pero la verdad es que es complicadísimo mantener la dichosa pelota sin que caiga suelo con solo un toque por persona. Cierto es que los kilos de más no me ayudaban a moverme tan ágil como una gacela, pero aún así… cuando la bola “me venía buena”, tampoco es que hiciera maravillas XDDD Resulta que la “recepción” tras el saque se sugiere hacerla con… el pecho! Toda la vida tratando de bajar la pelota cuando te llega al pecho y ahora había que levantarla. Y como demostración, Javi le pasó la pelota a Café con las manos como si se la diera a un niño, totalmente “floja” y sin potencia. Café estaba como a unos 5-6 metros de mí, y cuando le llegó al pecho, con un movimiento imperceptible para el ojo humano, le dio como si fuera con el pie y me la mandó a mis manos, bombeadita, con potencia y al sitio. Me quedé con la boca tan abierta que casi me toca el suelo XDDD que locura! Y qué técnica!

Comimos en un buffet à kilo, muy habitual en Brasil. Pagas por kilo comido (bueno, más bien por kilo servido, que te lo comas o no ya es cosa tuya), da igual si es de verduras, de carne, de pescado o de pasta. Simplemente, lo que pese pagas. Cuanto más aspiradora seas, más pagas! Javi se fue hacia el aeropuerto, y nosotros a descansar al hostel, que estábamos muertos mataos. Pero por la noche teníamos otra cita, no menos especial. Laura había investigado, y esa tarde hacían ensayo abierto en una de las escuelas de samba, Sao Clemente. Ole oleeee!

Nos levantamos medioatontaos, pero la ocasión merecía un esfuerzo, y vaya que si valió la pena! Menudo espectáculo de música, de percusión y de movimiento de caderas, piernas y siendo fieles a la realidad, de glúteos. Esos movimientos no los puede hacer cualquiera, tienes que criarte con ellos para poder moverte a esa velocidad, con esa coordinación, y ese salero, qué bestia! Se respiraba un ambiente festivo ensordecedor, y es que se pasaron una hora y medio tocando y depurando la misma canción. La decoración de la nave era como si fuera de un equipo de fútbol, y muchos de los que formaban parte de la comparsa (no las y los cracks del baile loco, sino el resto), iban con camisetas y bien uniformados con los colores del “equipo”. Y es que la samba forma parte del ADN carioca, basta ver el sambódromo, una calle con sus gradas permanentes, cuál estadio deportivo, construido única y exclusivamente para los carnavales! Nos despedimos de Jose y de Laura. Volvimos al hostel, y a dormir. Menudo día más intenso y genial! Gracias chicos, ojalá podamos vernos pronto de nuevo y compartir con cracks como vosotros algunos partidos más como en la época dorada de Zapata ;D

Al día siguiente, nos levantamos y la primera tarea del día fue comprar los vuelos a Foz de Iguazú, que habíamos visto la noche anterior. Y oh sorpresa! Habían subido al doble los precios!! Pero será posible, aún borrando la caché, navegando en modo incógnito y toda la vaina,… nos habían “pillado” que estábamos interesados en ellos. Me fui al pc del hostel, repetí la búsqueda, y aha! los mismos precios de la noche anterior XDDD Coooorre a comprarlos! Volar el fin de semana salía económico, por lo que nos tendríamos que quedar un par de noches más en Río. Fuimos a notificarlo en recepción, y… tachán: no hay camas! Pero si estaba la habitación medio vacía, ¿cómo podía ser? Resulta que era fiesta nacional, convertida en puente, y toooodo el mundo se iba para Río! Buscamos en Hostelworld, y en Airbnb, pero rien de rien… pocas opciones y precios por los aires… Decidimos probar suerte con Couchsurfing, a pesar de nuestro últimos intentos fallidos en otras ciudades, sobre todo cuando eran peticiones “last-minute”, y bingo! Patricia nos contestó en perfecto francés: “Oui, vous pouvez venir…” Jajajaja, qué alegría! No nos lo podíamos creer 😀

Su casa estaba en Niteroi, una ciudad dormitorio justo enfrente de Río. Patricia nos acogió en su casa estupendamente, recepción con un jugo de mango recién hecho incluida. Nos presentó a su amiga Katia y recomendó aprovechar las últimas horas de luz para ir a ver el teatro de Nitéroi, creado por Oscar Niemeyer, el arquitecto más importante de la historia de Brasil. Cena de McDonalds para llevar, y cervecita en una terraza local para terminar la jornada.

Nos habíamos mudado a Nitéroi, sin haber subido al Corcovado ni al Pan de Azúcar, las dos atracciones más importantes de la ciudad. Pero no os preocupéis porque aún tuvimos una experiencia superior: las mejores que se pueden tener en Río de Janeiro… y gratis! (como nos gusta encontrar maneras más baratas y menos conocidas para disfrutar de las mismas cosas, muahaha!). Patricia y Katia coincidían: ver el atardecer desde el Parque do Cidade era la estampa más preciosa de Río, con diferencia… tan era así que no nos dijeron el nombre para que no pudiéramos buscar en internet fotos ni tener alguna pista. Nos habían avisado de que el tramo a pie, de poco menos de 2km, tenía una pendiente bien pronunciada, pero aun así cuando llegamos y subimos los primeros 200m ya estábamos para el arrastre XDD Pasó un coche y a unos treinta metros paró e hizo marcha atrás. Nos preguntó si íbamos hasta arriba, y que si queríamos nos subía. Venía detrás de nosotros otra pareja, y les invitó también a subir. Que amabilidad! Y allá que vamos los cinco, exigiéndole lo máximo al motor de aquel cocherito con unas pendientes brutales, hasta llegar a la cima. Para el resto, no hay palabras… increíble! Ahí van algunas instantáneas 😉

Volvimos totalmente excitados de haber podido presenciar semejante espectáculo natural. Ya habíamos preparado una tortilla de patatas gigantesca antes de ir a ver la puesta de sol, así que fue llegar y disfrutar de la cena con Patricia y Katia. Hablamos de universidades, de educación, de costumbres en Mozambique (país origen de Katia), de como había afectado a Río el mundial de fútbol (por ejemplo, los días que había partido en Río era festivo para toda la ciudad, de manera que las carreteras estuviesen medio-vacías los “futboleros” pudieran llegar a ver los partidos sin demasiados problemas! LoL). Y en la sobremesa seguimos con temas más personales y profundos. Llegó la hora de dormir, al día siguiente teníamos el vuelo a Foz de Iguazú por delante!

Pasamos la mañana tranquilamente, nos despedimos de Patricia y Katia y nos fuimos hacia a la parada de bus con tiempo suficiente, ya que al ser festivo, el bus pasaría con menor frecuencia. Estábamos ya empezando a ponernos nerviosos cuando finalmente el bus llegó. Subimos. Teóricamente debía tardar unos 40 min en llegar, y ya llegábamos justitos. Vimos como el tiempo iba pasando, e íbamos acercándonos al aeropuerto. Pero en un momento dado, cuando ya llevábamos más de una hora de trayecto y veíamos que se desviaba de la señalización al aeropuerto, le preguntamos a la cobradora del bus que cuanto faltaba. Respuesta: 30 min! ¿Cómo? 30 minutos, eso significaba que llegaríamos a falta de 30 min para que el avión… despegara! Un chico que se sentaba junto a nosotros nos vio tan apurados que nos ofreció su móvil para hacer check-in online, pero no hubo suerte. Llegamos, y corrimos como locos, pasaportes en mano. La entrada estaba cerca y la zona de la compañía también. Con cara de pánico le dijimos al hombre que estaba a la entrada de la cola, que íbamos a Foz de Iguazú, y que llegábamos supertarde. Miro su reloj, sonrío y dijo, tranquilos tenéis tiempo de sobra. Tratamos de sacar los billetes en la máquina que pedía datos tan increíbles como a quien avisar en caso de problemas! Y tras cinco minutos da… “error”… mierdaaaa! Nos mandaron al mostrador “de urgencias”, y tras dos minutos agónicos, nos dan las tarjetas de embarque… yeahhhh! Lo conseguimos, menos mal que en estos países son más flexibles y no te dicen “lo siento, el sistema ya no permite sacar las tarjetas de embarque” XDDD Control de seguridad con cero personas en cola (claro, ya estaban todos dentro!), y a la puerta de embarque! Hasta pudimos sentarnos un par de minutos antes de entrar al avión… Jod*r, que manera de sudar!!

El próximo domingo más y mejor, Foz de Iguazú!

[Colombia] Cartagena de Indias, un lugar mágico

Y tras nuestros días en las playas de Palomino y Tayrona… Por fin llegó el momento de ir a Cartagena de Indias! Lo estaba deseando desde el día que aterrizamos en Colombia!

Desde Santa Marta cogimos un bus que en 4 horitas nos llevaría hasta Cartagena, pasando por Barranquilla. Esta última es famosa por sus Carnavales. Es el más importante del mundo, después del de Rio de Janeiro, claro! Y además Barranquilla también es muy conocida porque Shakira, mi cantante preferida, nació en este marchoso lugar. Pero como no era época de disfraces y Shakira no estaba por allí, decidimos no quedarnos.

Ya casi de noche llegamos a Cartagena. Ésta vez si habíamos reservado el hostal porque es un destino muy turístico y es difícil encontrar sitios baratos. Nos quedaban 3 días hasta tomar nuestro vuelo a Cali, el que sería nuestro último destino en Colombia.
El hostal no era para tirar cohetes, pero estaba muy bien localizado, en el distrito de San Diego, justo al lado del centro histórico. No teníamos mucho tiempo y había mucho de lo que disfrutar afuera, en las calles. Así que como era la hora de cenar nos fuimos a la plaza del Convento, más conocida como la plaza de San Diego. Es una plaza con mucho encanto y llena de pequeños restaurantes. Nos comimos un menú corriente que incluía pescado, rico, rico!

Al día siguiente nos fuimos con nuestras mochilas, comida y agua para pasar una noche en Playa Blanca, en Isla Barú, al Sur de Cartagena de Indias. Lo llaman Isla Barú, aunque en realidad es una península que tiene la particularidad de estar separada del continente por el Canal del Dique.

Isla barú - ubicación
Para llegar hasta allí hay que tomar un bus que te lleva hasta Pasacaballos, y desde ahí tomar una moto-taxi que te cruce el dique, a través del puente. Te deja en la famosa Playa Blanca. Lo que más nos sorprendió del viaje en bus fue, que en una de las paradas, la que estaba más próxima al mercado subieron tropecientas personas a vendernos algo. Desde comida preparada, a bebidas, chocolatinas, candados, cuchillos, remedios curativos, y un largo etcétera. Eso era un no parar de vendedores ambulantes subiendo y bajando. Estuvimos allí parados aguantando el tirón como media hora y con un calor horroroso hasta que el bus volvió a partir pero valía la pena la espera! Finalmente llegamos a Pasacaballos y tomamos un taxi (bueno, más bien era un hombre con un coche que decía que nos llevaba). Nos costaba lo mismo que las dos motos y era mucho más seguro, teniendo en cuenta que no te proporcionan un casco y que van a una velocidad de miedo. Y lo sabíamos por experiencia propia!

Poco después llegamos a Playa Blanca, y a pesar de estar nublado, era precioso. Sólo nos faltaba encontrar una cabañita para dormir aquella noche. Fuimos recorriendo la playa y visitando las distintas opciones, a medida que íbamos avanzando, disminuían los vendedores ambulantes, la playa estaba más vacía y las opciones para dormir más baratas. Llegamos hasta casi al final y encontramos un sitio llamado El Parche de Alex que ya había visto por internet durante mi investigación… Por la cabaña con vistas al mar, ducha con agua no salada nos pedía 60.000 pesos colombianos, el precio era aceptable, sobre todo en comparación con lo que nos habían intentado vender en la otra punta de la playa pero le apretamos un poco y nos ofreció un nuevo precio… 40.000, y como pusimos cara de no tenerlo del todo claro… Nos dijo “no os lo penséis más, os quedáis aquí: 35.000 pesos” (es decir 14 euros). Ahhhh pues… Aceptamos!!!!

Menuda pasada. Disfrutamos de lo lindo en esa playa, relajándonos, yendo a hacer snorkel, charlando con unos argentinos que conocimos allí, preparando nuestra comida y nuestra cena con una frutas y unos sándwiches, fue absolutamente genial. Bueno, y yo creo que de mí ellos se acordarán toda la vida, porque por la noche mientras estábamos durmiendo entró uno de los gatos del dueño ya que las cabañas son totalmente abiertas y pasó por mi lado (el colchón está en el suelo) y me rozó. Al estar tan dormida y probablemente con el susto aún encima de los cerdos endemoniados pegué un grito tan fuerte que el gato se asustó y maulló aún más fuerte y se fue corriendo. A la mañana siguiente había bastante cachondeito conmigo porque todo el mundo se había despertado, jajaja :p
Pero lo mejor de todo es que amanecimos con un sol radiante. El mar estaba tan en calma, que el agua era de un turquesa precioso y totalmente cristalina!

La vuelta a Cartagena de Indias la hicimos en barco, ya que es más barata que la ida porque en el puerto de Cartagena inflan los precios a los turistas, jajaja. Casi nos tuvimos que quedar otra noche allí porque después de correr y muuuuucho, … vimos como el barco partía. Por suerte 500 metros más hacia adelante salía otro barco pero teníamos que volver a correr si lo queríamos pillar… Y esta vez sí! Vuelta en barco de dos horitas en el barco más lento de la historia y a disfrutar del paisaje, de un mango verde con sal y limón, y de la flamante llegada a Cartagena de Indias.

Volvimos al hostel de nuestra primera noche en Cartagena y a descansar. Al día siguiente nos esperaba una mañana recorriendo las calles del Centro histórico de Cartagena. Ya sabía que me iba a gustar pero fue aún mejor. Y eso que mis expectativas eran altas. Es uno de los pueblos más bonitos del mundo, no me extraña que fuera declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Pasearía por sus calles día tras día y no me cansaría. Esos colores, esas fachadas adornadas con flores, todo tiene una magia especial.
Y para ya despedirnos de Cartagena bien contentos nos fuimos a comer a un restaurante vegetariano baratito que estaba muy cerca del hostal… Y a quien nos encontramos allí? A la chica alemana que conocimos en la ecoaldea y que se fue con nosotros de allí! Esto de viajar es absolutamente maravilloso, encuentros y despedidas, y vuelta a empezar 🙂

A continuación os dejo una selección de fotos de la colorida Cartagena! Espero que os guste tanto como a mí!

Poco después tomamos el autobús que nos llevaría hasta el aeropuerto, que está situado en la mismísima ciudad de Cartagena para volar hacia Cali, último destino de nuestra querida Colombia.

Hasta el próximo domingo amigos!

[Colombia] Cumpliendo los 31 en el Caribe Colombiano

Después de tres días en la ecoaldea, y de no haber podido casi dormir la última noche, decidimos que ya estaba bien de experimentos y que era un muy buen día para ir hacia Santa Marta. No éramos los únicos voluntarios “sorprendidos” por esta peculiar ecoaldea, así que junto a la otra voluntaria, una chica alemana, nos despedimos de la gente de allí y nos fuimos a tomar un bus. Ella se bajó en la terminal para tomar otro bus a Cartagena y nosotros continuamos hasta llegar hasta Santa Marta.

Nos dirigimos hacia uno de los hostales más baratos de la ciudad y me dio mal feeling, no por el hostal, era muy humilde pero estaba limpio, sino por donde estaba situado, me dio la sensación de que no era un sitio seguro, así que nos dirigimos hacia la parte más céntrica donde se encontraban algunos de los mejores hostels y acabamos en La Brisa Loca, y esto era otra cosa. El hostel estaba genial, con varias zonas comunes, bar, piscina y viajeros! El sitio perfecto para volver a la normalidad y descansar sin tener pesadillas. Nos recibieron con una cerveza fresca de bienvenida y nos dieron las pautas para visitar santa Marta y nos dieron un consejo: “No os acerquéis a las calles 10 y 11, son las más peligrosas de Santa Marta.”Adivinad donde estaba el otro hostel…. Pues eso! :p

Ese día nos relajamos y salimos a cenar algo económico, pero de paso nos dimos un lujo…. Unos mojitos! Había oferta 2×1, así que fue baratito, baratito! Después de 3 días pasando hambre y sed me supieron a gloria!!

Al día siguiente ya nos despertamos totalmente recuperados y llenos de energía! Nos fuimos a comer a un restaurante corriente vegetariano, llamado Vital. Corriente significa, como en España un bar donde tengan menú del día. A la comida corriente va la gente local. Tienes incluido un zumo (o jugo, como ellos llaman), una sopa y a veces una ensaladita, y eliges el segundo plato, que suele ser carne o pollo. En este caso era lo mismo pero vegetariano y estaba todo riquísimo, nada que ver con lo que habíamos comido en los días previos!

Y luego a patearnos Santa Marta que al día siguiente teníamos previsto ir un poco más al norte, ya que yo tenía mucho mono de playa. Y aunque Santa Marta, ciudad, tiene mar, no tiene playas cercanas muy aptas para baño.


Así que al día siguiente tomamos otro bus hacia… Palomino! Bonito nombre eh?
Palomino es un pueblecito muy pequeño, no tiene ni un sólo cajero automático, para que os hagáis una idea, y la única calle asfaltada es la carretera que te lleva hasta allí. Todo lo demás muy muy auténtico. Esta vez habíamos reservado en un hostel muy cerquita del mar para dos noches, y cuando llegamos… Decidí que con una noche tendría más que suficiente. El hostel no es que fuera muy limpio. Veis como es mejor ir sin reserva? Así si no te gusta no te tienes que quedar… Jajaja. Esa noche nos fuimos caminando hacia la playa y hablamos con una mujer que regentaba el hostal Villa Delia. Estaba súper bien localizado, a pie de playa muy sencillito pero limpiooooo y también barato. Negociamos un buen precio y reservamos con un pequeña señal  para quedarnos allí la siguiente noche !

Así que amanecimos muy temprano, disfrutamos de lo único bueno que tenía ese hostal, unas vistas preciosas a la Sierra Nevada, desayunamos y nos mudamos hacia nuestra habitación privada a 10 metros de la playa, oh yeah!!!

Esos días las actividades fueron playa, playa y más playa. Y Juny hizo un máster en abrir cocos. No teníamos internet así que fue desconexión casi total, y digo casi porque en una de las sombrillas de de paja cercana al hostal si había. Iba súper mal pero funcionaba!
Y entre playa, cocos y mucho relax me desperté el día de mi cumple! La estampa fue divertida, yo bajo la sombrilla intentando leer los mensajes de whastapp y las felicitaciones por Facebook, todo en modo “Caribe”, a velocidad mega lenta!

Y como colofón un super paseo por la playa hasta encontrarnos con el Río Palomino, una buena charla con una pareja de catalanes que conocimos allí y un rato jugando con las gigantescas olas.

Ese mismo día partíamos hacia un sitio aún más virgen, el Costeño Beach Hostel, situado en Mendihuaca, muy cerca del Parque Nacional de Tayrona. Habíamos decidió no ir al Parque Nacional que aunque nos dijeron  que es bonito es bastante caro. Puedes pagar (entrada a parte) por dormir allí en hamacas o tiendas de campaña pero queríamos algo del estilo pero que fuera más económico y Mattias nos había recomendado el Costeño Beach, ya que estaba justo al lado del parque y los paisajes eran similares. Estaba totalmente apartado de la civilización, tanto que nos llevamos unos cuantos litros de agua para los dos días que teníamos previsto pasar allí.

A última hora de la tarde nos bajamos en la parada que se suponía que era. Y allí estábamos, en medio de una carretera, sin ningún pueblo alrededor, sin casas por allí ni a quién preguntar. Sólo un cartel con una flecha que indicaba Costeño Beach. Y ahí fuimos, con nuestras mochilas siguiendo esa flecha. Estaba muy nublado y empezaba a anochecer. Cuando llevábamos 10 minutos andando esas nubes se convirtieron en lluvia, en una súper tormenta tropical! Como pudimos protegimos la tecnología que llevamos en las mochilas y continuamos. Íbamos por un camino de palmeras altísimas de grandes cocos, de esos que si te caen a la cabeza, te matan, así que así íbamos, en medio de la tormenta esquivando las zonas más pobladas de cocos y caminando en chanclas en medio del barro. Lo peor de todo es que la tormenta era cada vez más fuerte y sabíamos que aún nos quedaban 20 minutos más por lo menos de camino. Estábamos tan cerca pero tan lejos! Íbamos por un sendero paralelo al mar en medio de una jungla cocotera. De repente vimos una casa totalmente abandonada sin puertas ni ventanas, una zona parecía segura y con no demasiadas goteras para poder resguardarnos. Allí esperamos, recolocamos las cosas y protegimos todo lo que pudimos con las bolsas impermeables, nosotros estábamos totalmente empapados y ya era de noche. Vimos que la tormenta no iba a parar en un buen rato y decidimos continuar. Muy a lo lejos se veían unas luces, era nuestro destino!

15 minutos después totalmente empapados llegamos al hostel, sin reserva. Casi nos da algo cuando nos dice que no había ni hamacas ni cama en dormitorio compartido! Sólo había unas cabañas privadas a pie de playa, sin electricidad, sin ningún lujo pero muy románticas. Eran un poco más caras de lo que nos podíamos permitir, pero era mi cumple y sólo iba a ser una noche!
Después de cambiarnos de ropa con alguna prenda de la mochila que estaba sólo medio húmeda, y de poner a tender como pudimos dentro de la mini cabaña, ahí estábamos en el paraíso! Cenamos allí, como es un hostel que esta tan apartado de la civilización, tienen servicio de cocina y preparan dos platos a elegir. (Hay opción vegetariana también). Son precios muy económicos. Así qué cenamos de lujo y a descansar en nuestra pequeña mansión! Fue el cumple más largo que he tenido nunca, debido a la diferencia horaria con España, y fue la celebración más rara que he tenido nunca, y la más pasada por agua! Jajaja pero no lo olvidaré en la vida. Fue también uno de los cumpleaños más especiales, en el otro lado del mundo, sólo con Juny pero súper acompañada por todos vosotros gracias a la tecnología, frente al mar, y sintiendo que estaba haciendo lo que quería, llena de vida y cumpliendo un gran sueño.

El próximo miércoles, más y mejor! Llegamos por fin a Cartagena de Indias 😉

[Colombia] Playa del Ritmo y ecoaldea… Hare Krishna!

Hola amigos! Antes que nada, quería daros las gracias por todo el apoyo y las fuerzas que nos estáis transmitiendo. Me cuesta mucho comenzar a escribir como si nada hubiera ocurrido, por ese motivo aún no he sido capaz de plasmar nada en nuestro blog sobre el viaje. Me encantaría poder contaros todas nuestras vivencias en esos días tan fantásticos que disfrutamos en el Norte de Colombia y eso es lo que voy a intentar. Ahí va!

Y tras nuestros fabulosos días en Medellín partimos hacia el norte de Colombia. Después de un mes de voluntarios en el Buddha y de tener la oportunidad de conversar con tanto huésped viajero, decidimos que teníamos que hacer el trekking de 5 días a la Ciudad Perdida del que tanto nos habían hablado. La Ciudad Perdida es un escondido poblado indígena tayrona situado en la preciosa Sierra Nevada por el que sólo puedes acceder a pie. Este trekking parte desde Santa Marta o Tayrona, algunos de los lugares que queríamos visitar, así que contando los 5 días que necesitábamos para poder realizarlo y planeando desconectar unos días en la playa (ya que se acercaba mi cumpleaños y a mí me apetecía estar cerca del mar, para variar :p) decidimos comprar los vuelos. Y digo los vuelos, porque con la compañía VivaColombia te sale más barato el avión que tomar un bus que tarda un montón de horas en llegar. Ver para creer!

Así que después de las despedidas en nuestro querido Buddha hostel nos fuimos volando hacia Santa Marta. Pacho y Duvan nos habían recomendado el hostel Playa del Ritmo, que está situado literalmente en la playa. Está muy cerca del aeropuerto y de la playa del Rodadero, a media hora de Santa Marta. Fue allí donde nos llevamos el gran chasco! Nos enteramos de que durante las próximas dos semanas, el trekking de la ciudad perdida se había cancelado por motivos de ritos de los indígenas y nos sería imposible visitarla. Menudo bajón! Era el único momento del año en que se suspendía y nosotros no lo sabíamos. Pero bueno, al mal tiempo mala cara (ah no! buena, buena cara! XD), nos quedaban muchos días totalmente libres por delante hasta nuestro próximo vuelo. Lo que hicimos fue descansar y disfrutar del mar. El sitio invitaba a relajarte, a pasear por la playa, a hacer kayak (el hostel tenía una totalmente gratuita para los huéspedes), a disfrutar de atardeceres… Tras varios días allí, de algún que otro partido de fútbol en la arena y de algunas conversaciones sobre algunos de los preciosos lugares que queríamos visitar nos hicimos amigos de Mattias, un chico italiano que trabajaba de voluntario en el hostel. El chico había aprendido hacía unos meses a mezclar canciones y se notaba que era lo que más le gustaba. Tanto era así que una noche se ofreció a impartirle unas clases gratuitas a Juny sobre como utilizar una mesa de dj’s! Esa noche fue muy divertida y musical, ya que un hacía solo un rato que un huésped colombiano nos había dado a todos unas clases de salsa también gratis. Absolutamente genial!

Durante esos días Juny estuvo buscando alguna actividad diferente y especial para hacer en mi cumpleaños y encontró un programa de voluntariado en el Gambhira Eco Yoga Village. Las condiciones eran muy flexibles podíamos ir cuando quisiéramos y quedarnos cuantos días deseáramos a cambio de un precio muy razonable y de unas 4 horitas de trabajo por las mañanas.
Así que después de disfrutar de unos días en Playa del Ritmo, nos despedimos y decidimos irnos una semanita o 10 días de desconexión total a una aldea ecológica a comer bien, sano y saludable, a aprender de actividades sustentables como la agricultura orgánica y las eco construcciones, arte oriental, y sobre todo a aprender un poco de Yoga y meditación en contacto con la naturaleza.

Pero lo que nos encontramos fue una cosa totalmente distinta… Gambhira era una comunidad que a parte de la horita de yoga matutina, el resto era toooodo Hare Hare Krishna… con su templo, se levantaban a las 3am para cantar y bailar durante tres horas. Todas las noches me despertaba asustada y con pesadillas porque en la finca de al lado había unos cerdos que como Juny describía muy bien, sonaban como una mezcla entre orcos y una matanza de demonios! La comida era no sé si era vegetariana o vegana, lo que sí tengo claro es que era totalmente insípida! No se podía probar mientras se cocinaba por cuestiones “sagradas” (por lo que estaba malíiisima), los huertos ecológicos “habían desaparecido por la sequía”, así que ni aprendimos nada de agricultura ni comimos nada de verdura ni de fruta orgánica. Yo me quedé bien delgadita, porque no comía pero es que tampoco bebía! El agua estaba hervida, sabía fatal y tenía cositas dentro… Y como no había suficiente fiesta con esto podías disfrutar de la naturaleza con unas arañas enormes y feas, negras y naranjas, cucarachas tamaño gigante y los ciempiés como un antebrazo de grandes, que se colaban por los tejados de hoja de palma de las cabañas. Y por supuesto las actividades de por la tarde prometidas en su página web no se hicieron…

Es de las cosas más curiosas que nos ha pasado en estos meses, no tuvimos ni ecología, ni yoga, pero fue toooooda una experiencia y nos enseñó a apreciar otras más buenas que nos pasan constantemente durante nuestro viaje.

Aunque como os podéis imaginar… No me apetecía pasar mi cumpleaños con este fiestón, prefería algo más de relax, así que aguantamos 3 días allí y nos fuimos hacia Santa Marta a hacer alguna cosa más turística y menos original, jajaja.

El próximo domingo, más y mejor: Santa Marta y muuuucha playa en Palomino y Tayrona!